Y cuando la noche caiga,
sácame de este lugar…
Estoy en un punto muerto…
vacío, harto, deshecho…
estoy en la negra espesura de mi angustia
en esos lagos que mis lágrimas saben alimentar
en ese discurrir de mareas
en ese crear incesante de tormentos…
Estoy en un punto hiriente
donde las llagas gritan de cansadas
donde la sangre corre desesperada cuando no hay más nada que recorrer…
y allá se llega mediante este camino
allá por donde siempre estaba prohibido
he caminado mucho, no ves?
y aún parece no ser suficiente…
he caminado mucho y estoy en un punto muerto
ya los pies reclaman sosiego
y mi alma un reposo completo…
he caminado mucho, es cierto y para usted quizá sea insuficiente
¿Quién impone los límites?…
me he detenido por unos momentos
he vuelto la mirada, he seguido mi andar
me he dispuesto a descansar quizá por unos segundos
minutos, horas…días o quizá descanse de una vez y por todas…
He llegado a un punto muerto, hiriente
cubro mis heridas putrefactas y sé que me disipo
extiendo el brazo…cae la lluvia
cae, cae, cae…mojada me siento a descansar
¿a mitad del camino?
…eso, eso lo decidiré mañana, por ahora a descansar.
Toco tus dedos adrede mientras busco el encendedor y acaricio sin pedírtelo tu abofeteada mejilla derecha. ¡Padam, Padam!
Sigues contando de esto y aquello y solo siento la neblina entre mis dedos adictos. El frío se acuesta en mi nariz. Estornudo y tu ¡salud! me duele en el alma. Ponme atención mierda!!! y te miro con ojos de perro solitario hambriento y descorazonado. Aspiras y sigues sin mirarme. ¡Padam, Padam!
Mamá siempre dijo que a veces me gustaba hacer el ridículo para llamar la atención. Bah! quién no lo hace. Pero ni aún así consigo que tu mirada repose sobre la mía. Me preguntas de aquí y de allá y te respondo que nada y que todo y suspiro. Te ríes, yo te miro. Me tocas la chompa ( vaya acercamiento) y te miro. ¡Padam, Padam!
Apaga esa mierda, me dices y te invito otro pucho mientras estúpidamente te hago caso. Silencio, y ahora quién hablará o qué se hablara. Silencio… empiezo a cantar… Padam, padam, padam… y tu risa histriónica y bufonesca resuena por la sala… Padam, Padam, Padam Cet air qui m`obsède jour et nuit, En un movimiento siniestro e inesperado me envuelvo entre manos y piernas bailando a tu lado…Traîné par cent mille musiciens un jour cet air me rendra folle cent fois j`ai voulu dire pourquoi
padam padam, padam…
…me detengo ante un sonido hueco…
Dejaste la habitación, dejaste la habitación y la puerta abierta. He quedado tan quieta que la neblina no se inmuta y entra con fuerza por el balcón, me envuelve…
Adiós, my dear… ¡Padam, padam, padam!

I can`t sleep, my dear… Ves que no hace efecto el medio, debía ser entero… te quieres ir para el otro lado no?… no, solo quiero cerrar los ojos… así…así? >< jajaja…
si va el otro medio?… noooo ahí sí que la pauta te sale al revés… así?…así?…. º _ *? jajaja…
World going crazy, my dear… Qué es esto? Eso se llama libertad… la libertad no está hecha de sueños… no, solo de ilusiones…eso se llama mentirse…eso se llama sobrevivir… eso se llama vivir de rodillas… eso se llama ser tú o yo… bueno es hora que me vaya…parte el avión? en media hora… esta vez seré yo quien te busque, lo prometo… eres puro cuento…jajaja eso trato, pero es más dificil de lo que imaginas… y tú imaginas mucho… por lo menos ya no te imagino… es mejor así…me voy… siempre te vas…y siempre regreso…pero nunca estás… es mejor así… es mejor así…así?… así?… * 0 * jajaa.
“si late pero jamás será…es de los que te besan y se van, es de los que siempre amará a todas y se quedará con ninguna…es de los que una nunca olvida…él es un para siempre…”

Ahí va el otro medio para que sea uno completo, porque nunca existen puntos medios…los extremos matan pero te hacen vivir de verdad…
DE MIS
SUSPIROS
AGUA
INVERNAL
DESTIERRO MI ESPERANZA
EL DEDO
DECLINO A TU SOMBRA
EN LA LLAGA…
SIEMPRE DOS MÁS DOS ES IGUAL A TRES
Y TRES MÁS DOS ES IGUAL A:
UNO
Esa noche, pudo haber terminado de la manera nada singular como solía acabar, pero el suceder de ciertos hechos no lo permitieron. Él no había ido al trabajo y junto a mamá se mostraron ansiosos desde la tarde. Salían, regresaban, hablaban por el teléfono durante horas, escuchaban la radio, visitaban a sus amigos que vivían no muy lejos de nuestra casa y no probaron bocado alguno durante todo el día. No puedo recordar conversación alguna entre ellos, quizá la tuvieron, quizá hubo hasta discusiones y planes, pero a esa edad tenía una justificada desidia infantil por esos asuntos.
Recuerdo perfectamente las nueve de la noche. Tuve que pararme en la cama y dejar de ver lo que estaba viendo para asomarme a la calle y descubrir el origen de tanta batahola de silencio. Desde mi ventana se podía ver como las tenues luces de la calle, alumbraban mezquinamente el parque en donde transcurrían mis mayores y mejores horas infantiles. Tanto silencio desesperaba, así que me quedé pegada a la ventana durante un buen rato. No había nadie afuera. Debió haber pasado quizá una hora o un poco más y un sonido hueco, extraño, hizo su aparición. Aún no lograba ver algo pero el sonido se multiplicaba, era cada vez más fuerte. Unos hábiles piesesitos empezaron a correr por la grama del parque e iban haciendo ademanes como si le preparasen la entrada a un monstruoso animal. Uno, dos y tres. Esas máquinas bestiales eran un trío arrítmico con lento andar. Los dueños de los piesesitos eran alrededor de diez ó 20 y conformaron una ridícula cadena resguardando las calles que terminaban en el parque. Yo, seguía pegada sin entender nada, viendo el transcurrir de esos seres que invadían mi campo de juego y que poco tardaron para convertirlo en su campo de batalla.
Si papá no me sacó de un jalón de pelos o a puntapiés de la ventana fue porque estaba muy nervioso. Cerró la ventana y a causa del tiroteo solo escuché parte de su frenético susurro – ¿qué pasa si una bala perdida te mata ah?… cuidadito que te vuelvas a asomar –. Tuve que valerme de mi mejor actuación para hacer creer a mis padres que dormía y hasta roncaba. Ellos se pasaron despiertos toda la noche, mientras yo, sigilosamente seguía con mi rutina y con unas ganas locas de ver lo que ocurría allá afuera. Cuando cayó la mañana, en la sala, vi como la radio se había transformado en objeto de culto mientras un locutor con voz desabrida chillaba las noticias.
Ese día no pude salir a jugar e increíblemente nadie me buscó. De aquellos monstruos no pude saber más; por la ventana no miraba más que un solo horizonte. Mi parque lucía normal, con novios devorándose en las bancas y uno que otro niño corriendo. Caí en la cuenta de que algo malo había pasado, pero no sabía la magnitud del daño. Papá quien era de izquierda, no durmió esa noche en casa, desapareció junto a su ropa, papeles y guardaespaldas. Mamá no me hablaba, solo murmuraba en el teléfono con dios sabe quién y aseguraba puertas y ventanas más que nunca.
La ausencia de mi padre no me preocupaba en absoluto, mis noches seguían siendo las mismas sin embargo, esta vez, mamá me acompañaba en la sesión de ojos bien abiertos. Oscuridad y nada que mirar. Mientras papa seguía desaparecido, los tanques militares abandonaron las calles limeñas, habían apresado a algunos de sus compañeros y la mayoría de sus amigos se fueron del país. De los que se quedaron, algunos cayeron en la ruina, otros cuantos prefirieron tomar Sake y comer Sushi por tres años más. Yo, seguí día tras día jugando a las escondidas y dándome de volantines con mis amigas en el parque.
Tenía diez años y esa tarde supe que papá era y había dejado de ser Diputado de la Nación, un puesto por el que solo había recibido una barbie, polos de la Florida, una bicicleta, una bonita cuerda para saltar, cintas de video de Disney y mucha soledad. Por el contrario tenía que, después de meses de desaparición, soportarlo nuevamente en casa, verle la cara todo el día, sufrir sus malos tratos y sus aterradoras formas de hacerme estudiar.
Décadas después, la sutil frase: “Soy inocente” me suena a chiste y me hace pensar que la decisión de ese hombre cambió por completo mi vida. Yo le daría cadena perpetua, calmando mis ansias de desaparecerlo del planeta.

LLegaste ya a Lima? tengo dos llamadas perdidas de tu celular. Seguro mientras sonaba yo estaba en alguna tortura familiar usual. Quieres saber la realidad? Hoy ha sido un día de mierda para mí, aguanto el llanto como siempre; odio llorar. Pero también odio el dolor que genera en la garganta esa represión. Alguna vez te ha pasado? Sorry que te diga esto pero no tengo a quien recurrir y justo me topé con tus llamadas en mi cel. No tengo amigos. Ahora quisiera uno, que no me diga nada, absolutamente nada, que solo me sostenga en sus brazos, un amigo al que pueda dejar todo el peso de mi cuerpo para ocuparme solo de eso que tanto odio: llorar. Mi mejor amiga, debe estar por algún lugar del mundo con su novio alemán. Obvio, él le debe resultar más interesante que yo.
Bueno, disculpa de nuevo por este huayco de tonterias. Olvídalo cuando nos volvamos a comunicar. Necesitaba desahogarme. Gracias, aunque no sé por qué.
Besos miles.
M. C. ( por si olvidaste mi nombre)

¿Cómo se llama esa mirada?
Previsualizo tus ondas y nada parece tan perfecto esta mañana.
Te regalo una canción entre bocanadas de humo idiota y te ríes.
Te agrego un suave murmullo y presiento que no dices nada.
Te coges con delicadeza el mentón mientras sorbo mi último veneno de café. Me quitas el cigarrillo y lo aniquilas entre tus labios de menta. La neblina ha bajado, me dices, y solo te invito a no decir más. Sí, la neblina ha bajado.
Pides al mesero otra coca diet, yo muevo la cabeza y ordeno otra taza de café aunque el estómago me esté reclamando un inconmensurable dolor.
¿El frío ha inventado una nueva rutina entre nos?
Me explicas que no puedes y que intentas y cuando más tratas más te confundes. Te sigo, te escucho, te ignoro, te animo a seguir mintiendo. Callas. Vuelves a quitarme el cigarro y esta vez no te lo permito. Se derrumba con enfado en ese cenicero harto de nosotros. Coges tu coca diet y te marchas dejando un billete generoso en la mesa. Volteas un minuto mientras la neblina roza tu rostro acaramelado. ¿Sabías que tu belleza no es más que el resplandor de nuestro amor? Caminas y te vas.
La neblina me pide cortésmente que me vaya. Cojo el billete, generoso billete, y voy tras tus pasos. El mesero me detiene, le pago y cuando volteo a tu encuentro, solo veo una figura delgada que cruza la acera y se pierde en la espesura de la mañana. Su vuelto señor, me dice cogiendo con pena, parte de mi brazo. Sabe que me ha dejado, lo miro desde mi extraña altura y le pido otro café. Quizás regresé, me dice como consolando un suspiro asmático que dejé resbalar en el aire, quizás, le respondo, pero primero tráigame el café.
“No merezco esto”… y que mejor decisión que esa…Yo aún sigo deseando y esperando y… perdiendo, de seguro, verdad?
Eso nadie lo sabe…yo me he dado cuenta que no sé nada o nada sé, lo que fuere… Me he dado cuenta que la tibieza es mi mayor defecto…tu calor me llegaba a herir y ahora tu frialdad me aniquila…
No entiendes, verdad? tampoco yo… no me entiendo ni un poquito y quizá eso sea lo peor de todo.
Ahora, dónde estás? … por ahí, mientras yo en el final sigo empezando todo, de nuevo, una y otra vez…
Te extraño demasiado pero no sé qué hacer con eso…quizá deba tragármelo… Te quiero, pero es un solo una palabra que para ti no visualiza acción y a veces ningún sentimiento…
Caeré mientras… mientras por ahí dicen que todo final tiene un comienzo, mientras por ahí dicen muchas cosas y siempre parezco ser la menos indicada…
Esperaré mientras… mientras tú quizá ya hayas encontrado al verdadero amor de tu vida y yo siga aquí extrañándote y recordándote y queriéndote, sin saber aún qué hacer con todo eso…
Te quiero.