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Enero 29, 2008

Terminó la fiesta en un antro lleno de humo, hedor alcoholizado y sudor impregnante; música de rimel y delineador enloquecido. Terminó la fiesta en el camino que estos cuatro caminantes menos habían imaginado. Nada de extraño en el lugar, todo corriente, pero mágico y seductor.

Ella rozaba por debajo de la mesa la pierna de él; entre pierna y pierna se habían dicho ya demasiado, hablado hasta por las rodillas, con puntos, comas y signos de admiración. Las cervezas se consumían como la vergüenza moría entre mirada y mirada. Suavemente se deslizó por encima de la mesa, el brazo izquierdo esquivó el vaso semilleno o semi vacío, como fuere, y cayó sobre el otro brazo, algo aburrido.

- Oye, no te molestas no?

Y con la mirada señaló ese pedazo de carne que emanaba testosterona a mil por hora. Sus ojos se posaron sobre las desvariantes pupilas de ese macho cabrío; entre ceja y ceja parecían sugerir, dile que no.

-Claro que no, por mí no hay ningún problema y, al parecer, por él mucho menos.

El brazo viró frenéticamente y retornó a la posición inicial. Los ojos agradecieron la respuesta y continuaron en su desvarío habitual.

Mientras en el frente la carne se amoldaba a otra carne; la boca (que hace instantes había consentido) trataba de terminar con el vaso entre dientes y encía. De a ratos respondía o preguntaba, según sea el caso, a la otra boca, tratando de romper con un monólogo melómano. Con el apuro acuestas, las carnes desaparecieron frenéticas, apañadas por el humo cargado de sudor. Ahora la imagen era poco clara. Las figuras se desparramaban en la pantalla; mientras no respondía o preguntaba, según sea el caso, la boca seguía el compás de esos movimientos y de a pocos tragaba un sorbo más. Fin del vaso, fin del lugar. Ambas masas emprendieron la retirada. Y es aquí cuando el calor se vio amenazado por el frío. Masa consciente de protección busca otra masa que proteger. Masa protegida no hace intentos de evitarlo.

Los pasos siguen un curso exaltado. La mañana, aún niña, deja su virginal apariencia. Manos que se juntan, se entrelazan y sin más, sin mediar tiempo ni espacio, saliva busca otra saliva que depurar. El monólogo ha muerto y ahora la sinfonía de lo inevitable llora bajo la garúa otoñal.


THE END?

Enero 15, 2008

Está sentada sobre un frente frío. Se ha puesto el collar de siempre y la blusa a cuadros que le regaló su padre. Enciende un cigarrillo y aspira con regular desesperación. Deja salir esa melena morena y la entrega al viento. Decimotercer día y las cosas siguen como siempre. Ha dejado partir sus simpleza y ha impregnado su sutil vestir de llamativos colores. Es una mujer que apenas conoce. El mar, allá a lo lejos, explota y ella solo admira. Los secretos ya no son ajenos y ella piensa, quizá, en una mejor forma de decir las cosas.

La noche llega, 19.48, y ya nadie aspira ese sudor mediterráneo. Enciende por enésima vez un cigarrillo, uno más. 19:49 horas, y el frente parece estar despejado. Las espesas luces caen y se ametrallan boca abajo, ella fuma. 20:00 el sonido llega de allá, muy lejos, allá, donde ya nadie quiere existir.

Ella es adicta a los temblores de su mano derecha. Sabe inflingir suavemente un leve quejido sobre esa masa corporal. Ella lame la brisa y prueba, una vez más, el sabor de la noche, del mar, de la soledad, de sí misma. Revienta una ola y se enconje en pedazos. Su figura se desnuda en la mente y  muestra una inusual forma de aliviar el alma.  Se ha llegado a este momento pleno, de poder, atracción y completo absurdo lógico. Se escucha un crujir y el miedo se destierra para siempre, de ahí, de ella, de ti, de mí, de nosotras. La oscuridad amenaza con encenderse y reventar, el miedo tiembla y ella recoge los pedazos del suelo.

23:15, el mar se lleva desperdicios, arena, piedras y demás.


Del por qué amo a los hombres

Enero 4, 2008

Cada cierto tiempo suelo deleitar mis pupilas con una selección variada de especímenes raros; sí, raros. De esas bellezas que ya no se encuentran y que, lamentablemente, solo se ven en la TV. Termino generalmente gritando del placer, obviamente solo de verlos porque nada más puedo hacer, y reconfirmo mi posición de heterosexual; hay chicas lindas, lindísimas, pero con chicos como estos… nada se puede hacer. Este es mi pequeño homenaje a estos cueros que debieron ser míos.

JOSH HOMME

Grandote, fuertote, pelirojo, grandote y casado (plop) con la líndisima Brody Dalle ( vocalista del grupote ya desaparecido The Distillers ). Es vocalista del Excelente grupo Queens of the Stone Age.

PAUL BANKS

Este hombre debió llamarse, Paris. Es la encarnación de un hombre perfecto, al menos visualmente; Rubio, cabello largo, cantante, rebelde, hermoso, una voz increible, un dulce al que no se puede decir no. Y, como para no creerlo, es inglés (hay algo más delicioso que eso?). Vocalista del excelente grupo neoyorkino Interpol. Provecho…

BRIAN MOLKO

Si tuviera que contar las veces que junto a otras placebo-maniacas hemos hablado de este belga, al cielo le faltarían estrellas. Andrógino y lindo como el solo, te dan ganas de tenerlo en tu casa y nunca sacarlo de tu habitación. Su voz es única al igual que el grupo del que forma parte: Placebo. Lamentablemente me engañó y ahora tiene un hijo.

CEDRIC BIXLER ZAVALA

Muy pocas veces el ritmo de un grupo me ha invadido de tal forma que de solo escuchar el intro de una de sus canciones mis pies enloquecen en un frenético baile. De un sonido poco digerible y muy enigmático, Cedric ha sabido crear junto a sus compañeros de The Mars Volta una banda que ha superado los stándares de la música. Para entenderlos hay que escucharlos y para escucharlos hay que estar preparados. De otro lado, Cedric se transforma en toda una bestia en el escenario ( debo decir, con pena, que las drogas lo ayudan mucho), además de su voz, el mismo es todo un manjar. Me caso. 

JULIAN CASABLANCAS

Este es un verdadero Elfo. Como diría Don Ramón, “cosa linda, cosa bien hecha”. Julian, de la banda The Strokes es el prototipo perfecto del macho, de esos como a nosotras nos gustan ( bueno, al menos a algunas) desgreñados, tipos rudos y a la vez con una carita de ángel o demonio. Me voy feliz al infierno.