
Esta noche no me contengo. Esta noche ellos vinieron y aún están conmigo y yo lucho contra todo. Si lucha se llama a este devenir de malestares. Si lucha se llama a este vivir de maledicencias. Esta noche, demonios y fantasmas se acuestan en mi pecho, cubren mi regazo. Esta noche una inútil llamarada de verdades se cuela por mis esquinas y toman poder. Siento un abrir incontinente. Siento un desafío imbatible.
Me siento fea. Soy fea. Me he transformado en la concubina de mis temores y me repito alocada que algo debo hacer para respirar. Y no respiro. Quiero creer que nada pasa. Quiero apagar las mañanas devorando mis recuerdos. Demonios que se ensalzan de mis más turbias iniquidades. Y te pido disculpas. Y te pido perdón. Y el perdón me sabe a culpa. Ha fracaso. Interminable fracaso.
¡Me siento sola! ¡Por Dios que me siento sola! Abatida, triturada. Y te pido perdón. No calzo, no quepo, no PERTENEZCO. Y lucho. Si luchar se llama a la manera de perder sin haber combatido. Me trago las tres y media de la madrugada y me pregunto ¿Quién soy?
Hora nona. A mi lado me pregunto si me amas realmente. ¿O soy presa de piedades y responsabilidades? A mi lado me pregunto si te merezco. Donación incorpórea que mal haces en creerte de propiedad. Me golpeo y sangro un sin sabor de horrores que me he tragado durante milenios. Arcadas que me laceran el infinito. Vahídos impuestos. Un dedo más profundo y el otro solo acompaña el ritmo.
Dices que me amas y a mi lado me digo que es mentira, que algo de verdad esconde este secreto. Nada. Dulce sentimiento de vacío. Vacuidad que nombras mis entrañas entre la una, las dos y las tres de la mañana. Y a mi lado me digo que algo me escondes.
Amor infinito dije y por ende dolor infinito que raspa estas llagas, estas ampollas. Sangre magra. Tiemblo ante mis manos y le pregunto (…) y me responde (…): conjunción de imperfecciones, ¿No terminas de afrentarme? No me debo una calamidad de años. Es más. Noctámbula concepción. Noctámbula imperfección. Y a mi lado me digo que no te creo que me ames tal como soy.
¿Has visto estos surcos? Auras risibles de pasajes que nada saben ver. ¿Has visto estas marcas? Materna perpetuidad que me vendieron con un sabor de mal genético. Prejuicio presumible que anoto por ti. Me siento sola y no es por mí, es por ti. Y me duele pensar que me aniquilarán nuevamente tras esa pared de espejos. Y me veré desnuda sin compasión. Y me reiré de llanto ante esta marea de posibilidades que no puedo contrarrestar.
Ella antes me sostenía con la intención de abrigarme en su fondo. Y a su fondo iba. Madre le dije y lo era todo para mí. Incompetente presencia en esté cúmulo de cuerpos y voces.
Y es que no soy una infanta vestida de bondades y garbos. No soy una entallada beldad que derrocha finura y atrae suspiros. Y a veces digo hasta donde contribuyo con mi propia defunción. Y a veces me digo si basta con estas manos y este criterio y esta abundancia de insanas melodías mentales que plasmo en cuanto puedo. O si quieres más. Y a veces me digo qué encontraste en esta sonrisa que no se sabe sanar por dentro. Qué encontraste. Y quizá tras de esto te aburras de mí y pienses que la mediatés de mis palabras se deban a la impaciencia de esta depresión. Y quizá no haya un mañana signado para nosotros y decidas tomar ese camino que tanto me costará aceptar.
Pero te amo y respeto y amo con todo contra todo y por todo. Una entrega que se resume en mi vida simple y complicada. Amo con mi vitalidad, alegría y tristeza enteras. Y amo con toda mi imperfección que me hace saber que hay mucho más que solo un deseo físico, un deseo carnal.